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“Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia”. Salmos 127:1
Queremos gozar de un matrimonio y una familia saludable? La Palabra de Dios nos enseña que es necesario que Su Presencia esté en nuestro hogar, sea el centro y fundamento.
El texto bíblico inicial según la versión Dios Habla Hoy, nos ubica en el sentir y pensamiento de Dios para la familia, el pasaje dice de la siguiente manera: “Si el Señor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas”.
Entonces, Dios nos ha llamado a ser constructores y centinelas, siendo El primero en todo.
Examinemos el primer llamado divino que tenemos, cada miembro en una familia está llamado a “construir”.
Encontramos en Génesis 2:8: “Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado”.
Veamos, dónde puso Dios al hombre? En el Huerto, lo que representa nuestro hogar, donde vamos a trabajar, a edificar, a construir una familia.
También podemos decir que nuestros hogares se convierten en el lugar de nuestro crecimiento, donde construimos con nuestro cónyuge una familia de acuerdo a los mandatos, planes y propósitos de Dios.
En este orden de pensamientos, como nuestro hogar es el huerto donde Dios nos ha plantado, hay unas actividades esenciales que debemos desarrollar para mantener nuestro jardín sano, fructífero y duradero:
- Sembrar:
De acuerdo a lo que deseamos cosechar.
- Nutrir y exponer a la luz:
Según el tamaño de nuestro huerto así serán los cuidados que debe recibir nuestro jardín para sostenerlo con buenas condiciones acorde a las enseñanzas de Dios en Su Palabra.
- Regar, podar, limpiar, cavar más profundo: Cada vez que sea necesario.
- Vigilar, que tu jardín no se dañe por factores internos ni externos.
- Cosechar, nuestros hogares experimentan diferentes estaciones y el tiempo de la cosecha está incluido.
- Continuar el ciclo de sembrado.
Hoy, tenemos la oportunidad de hacer un diagnóstico, revisar con sinceridad cómo están nuestros hogares y responder:
- Estamos satisfechos del estado actual de nuestro hogar?
- Qué crees que puedes hacer desde tu posición o rol, para que tu hogar sea mejor?
- Identifica que actitudes tú puedes cambiar para ayudar en la transformación de tu hogar.
- Manos al huerto, pon en marcha esos cambios, con la ayuda de Dios.
- No dejes la Oración, es tu principal conexión para que se den los cambios.
Puedes iniciar, reemplazando cualquier conducta, actitudes, hábitos o lenguaje negativo por comportamientos sanos, como inculcar y enseñar a tu familia los principios y valores cristianos, como el amor a Dios y a su Palabra, establecer un altar familiar para orar y encomendar a Dios los planes y necesidades que puedan tener, orar antes de consumir los alimentos, fomentar el respeto, la tolerancia, la paciencia, la compasión, el servicio a Dios, entre otros valores y verás que en tu hogar no faltará el amor, la fe, la esperanza, la paz, la provisión y la protección de Dios.
Recuerda, sé un ejemplo de cambio, tu hogar es un huerto y cosecharás conforme a las semillas que has sembrado!
Deseo que tu jardín sea bendecido con el mejor rocío del cielo,
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