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Reflexiones

¿Qué hacer en tiempos de aflicción?

¿Está alguno entre vosotros afligido?. Haga oración

El apóstol Santiago nos exhorta en el capítulo 5 en el versículo 13, que en los momentos de aflicción, de tristeza, de dolor, la mejor decisión que debemos tomar es orar, acudir ante el trono de la Gracia para recibir primeramente la paz que necesitamos y las respuestas a las peticiones que exponemos a Dios.

¿Podemos preguntarnos, de quién aprendió el apóstol Santiago esta poderosa enseñanza de orar en tiempos de aflicción?

Claro, lo aprendió de nuestro Señor Jesucristo, nuestro Maestro de maestros, nuestro Pastor de pastores.

Cuando el apóstol Santiago estaba siendo discipulado por Jesús, observó la importancia y necesidad de la oración en todo tiempo. Jesús les dio ejemplo con su propia conducta, Él se retiraba a orar especialmente en las madrugadas y dedicaba un tiempo significativo a su relación con el Padre y a fortalecer su vida espiritual.

En las horas previas más difíciles que afrontaría Jesús para dar su vida por nosotros en la cruz (se dice fácil pero todos sabemos el trato cruel y muerte despiadada que sufrió Jesús), se fortaleció en Dios.

Leamos este pasaje en el libro de Marcos 14:32-42:

Jesús ora en Getsemaní

Vinieron, pues Jesús y sus discípulos, a un lugar que se llama Getsemaní y Él les dijo: Orad para que no entréis en tentación, el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; Y Él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.  Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerlo. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿por qué dormís, no habéis podido orar una hora? así sucedió dos veces más, es decir, Jesús tres veces oró al Padre en ese angustioso y decisivo momento.

En otras palabras, todos los seres humanos están propensos a experimentar diferentes tipos de sufrimientos, de tristezas, de dolor extremo, más en los brazos de Jesús encontramos refugio, fortaleza y amor.

Ciertamente, ningún humano vivirá los padecimientos de Jesús al nivel espiritual, del alma y físicos como Él los experimentó, cargando todo el peso del pecado de la humanidad, el peso del reino de las tinieblas, el quebrantamiento físico por las heridas sufridas por los azotes, golpes, quedó como una llaga sin parecer físico, todo lo hizo por amor a nosotros.

Jesús mostró una increíble fortaleza, valentía y obediencia al propósito dado por el Padre, su sacrificio fue perfecto y por Su Sangre nosotros tenemos redención de nuestros pecados y por la fe puesta en Él recibimos la salvación de nuestras almas, la vida eterna.

El mensaje es que no permitamos que las aflicciones de esta tierra se vuelvan más poderosas en nuestras vidas que la Presencia de Dios, lo más difícil Jesús ya lo hizo, tengamos firme convicción que Dios está con nosotros y seremos librados de los planes del maligno, que Su soberanía sobre nuestras vidas es de amor para darnos esperanza y futuro.

La tristeza no debe durar mucho tiempo en nuestro corazón, corramos a la oración para ser fortalecidos, alentados, y si es necesario Dios enviará a sus ángeles para que intervengan como lo hizo con Jesús, con Abraham, Daniel y tantos otros siervos de Dios que fueron consolados, apercibidos de eventos que estaban por acontecer y recibieron fuerzas sobrenaturales cuando las necesitaron y El sigue obrando.

Anímate no estés triste, ¡Dios es tu amparo, refugio, fortaleza y ayuda en todo tiempo!

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