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Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.
Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.
Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del que yo te mandé no comieses?
Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.
Génesis 3:7-13
Inicio, afirmando que Dios siempre está interesado en sostener una relación con sus hijos basada en el amor, la obediencia, la fe, la confianza y sinceridad.
En el momento que Adán y Eva desobedecieron el mandato de Dios, al comer el fruto del árbol prohibido, sus conciencias despertaron al pecado y a la maldad, perdiendo de esta manera la inocencia, la santidad que les caracterizaba y se corrompió la moral que habían recibido de Dios.
Examinando, la reacción de Adán y Eva cuando comieron el fruto prohibido, se dieron cuenta que algo en su interior cambió, no volvieron a ser los mismos, se sintieron desnudos, experimentaron un sentimiento que antes no habían tenido y que los condujo a ocultarse de la Presencia de Dios.
En otras palabras, tuvieron conciencia del pecado, pero ¿qué es la conciencia? Es aquella que nos acusa o nos absuelve de la intención y responsabilidad de nuestros actos delante de Dios.
Y con este acto de desobediencia, se originó el sentimiento de culpa, el cual tomó lugar en el corazón del hombre, afectando su relación con Dios y ocasionó que cambiaran las condiciones de nuestra salvación.
Con la culpa, viene el sentimiento de vergüenza, temor, expectativa de castigo, indignidad, baja estima, inseguridad, auto rechazo, y algunos deciden auto castigarse en búsqueda de aliviar o calmar lo que en su interior están viviendo.
También vemos desde el episodio de Génesis capítulo 3, que el hombre o la mujer movidos por la culpa, crea mecanismos para ocultar su pecado, aparentar que tiene una relación con el Creador y busca las maneras de presentarse bien ante la sociedad, así como lo hicieron Adán y Eva, al diseñar delantales con las hojas de higuera que encontraron en el huerto.
Sin embargo, si el hombre o la mujer no reconocen sus pecados delante de Dios, quedan expuestos a la maldad del enemigo de las almas, porque uno de los efectos del pecado es apartarnos de Dios, quedamos sin su cobertura y el sentimiento de culpa nos mantiene alejados de Él, por eso es necesario cuidar nuestra relación con El, pedir perdón cuando fallemos y apartarnos del pecado, Su divina gracia nos sostendrá.
No cometamos el error de Adán y Eva de intentar lidiar con la culpa con recursos o estrategias humanas, como: escondernos de Dios, presentarnos con excusas, evadir la responsabilidad de nuestros actos, culpar a otros por nuestras decisiones u ocultar nuestros pecados creyendo que nadie conocerá lo que hacemos.
La Palabra nos enseña que no hay nada oculto que no sea revelado, así que el principal consejo es correr a la Presencia de Dios, que sea prioridad nuestra relación con Él, veremos como Él cuidará de nosotros y nos librará del adversario.
Encomienda a Jehová tu camino, pon tu vida en sus manos, confía plenamente en Él, y Él actuará en tu favor. Salmo 37:5 TLA.
Nos vemos en el próximo post, bendiciones.
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