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Deseo compartir un tema que considero hermoso y necesario comprender para aplicarlo como prioridad en nuestras vidas porque es un principio del Reino de Dios, el cual nos trae grandes bendiciones, es la Honra a Dios.
Leyendo algunos significados del término Honra, puedo inferir que es el valor que asignamos a una persona demostrándole respeto, obediencia, admiración y gratitud. También podemos mencionar, que la palabra Honra es equivalente a “peso”, es decir, honramos según el peso o importancia que tiene una persona en nuestras vidas.
Hoy, notamos la gran ausencia de valores y principios en la sociedad, cada comunidad establece unas reglas morales de acuerdo a su estilo e ideología de vida que por lo general están muy distantes de las enseñanzas de Jesús y del ejemplo que nos dejó cuando estuvo como uno de nosotros en esta tierra.
Por lo cual, se requiere con alto nivel de importancia enseñar del temor reverente y amor a Dios para que nuestras generaciones puedan disfrutar de un mejor futuro entre tanto que Jesús vuelve por su iglesia.
En las Escrituras encontramos en Malaquías 1:6 que Dios dice:
El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros.
malaquías 1:6
Es una pregunta con carácter de reclamación y enojo que nos sigue haciendo el Señor en nuestros días, ¿Estamos honrando a Dios con nuestras vidas? ¿Nuestros actos reflejan el temor reverente a Dios?
La honra a Dios es una enseñanza profunda, para esta reflexión abordaré una piedrecita en el zapato que estorba en algunas personas y aún en creyentes, que es la incredulidad que proviene de la deshonra.
En el Nuevo Testamento, leemos que a Jesús le generó especial admiración la fe de algunos creyentes y de igual forma se asombró de la incredulidad de muchos en su pueblo.
Podemos leer en Mateo 13:53-58 como en Lucas 4:16-30, que Jesús conociendo el corazón de estas personas dijo:
No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, entre sus parientes y entre su casa.
mateo 13:53-58 y lucas 4:16-30
La historia muestra que Jesús estando en Jerusalén, su tierra, no hizo ningún milagro salvo que sanó a pocos enfermos porque muchos del pueblo no creyeron en su ministerio, se escandalizaban de Él, aún fue tanto el menosprecio hacia Jesús que lo llevaron a la cumbre de un monte para despeñarle.
Este pasaje revela una condición muy triste del corazón humano, sumergido en un sistema religioso que evidencia una vida excluida de la Presencia y la Gracia de Dios.
Hemos iniciado un nuevo año por el favor de Dios, y tenemos la oportunidad de cambiar esa situación de deshonra a Dios, podemos marcar la diferencia llevando una vida de amor y fe al Señor, ser portadores de valores y principios para alumbrar en medio de la oscuridad, el caos y la confusión que vive la humanidad.
Hay una promesa muy alentadora que nos da Dios en el libro del profeta Isaías 61:7:
En lugar de vuestra doble confusión y de vuestra deshonra, os alabarán en sus heredades; por lo cual en sus tierras poseerán doble honra, y tendrán perpetuo gozo.
isaías 61:7
Esta promesa tiene cumplimiento cuando el creyente decide honrar a Dios, cuando le da el primer lugar de honor en su corazón, cuando sus actuaciones manifiestan las virtudes de Aquel que nos ha llamado a vivir en el Reino de Luz, cuando se vive con integridad por Él y para Él.
Para algunas personas Jesús es un hombre más que pasó por esta tierra, para otros alguien que hizo buenas obras y para otros simplemente fue un carpintero. Marcos 6:3.
Tengamos presente que según el lugar de honra que le demos a Dios así será el nivel de milagros y maravillas que experimentaremos, en otras palabras, ¿deseamos experimentar el poder de Dios, recibir milagros y mantener una relación preciosa con Él?, la respuesta debería ser afirmativa, entonces la decisión es Honremos a Dios.
Les pregunto con mucho respeto nuevamente, ¿quién es Jesús en sus vidas, es simplemente un carpintero?
Les deseo un bendecido año caminando bajo este principio: ¡Dándole la Honra a Dios que se merece!
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