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Reflexiones

¡La pureza del creyente bajo ataque!

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Oh Jehová, En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.

Salmos 119:11

Nuestro Señor Jesús, nos enseña cómo vivir en victoria en esta tierra. Nos ha provisto de grandes ayudas para lograrlo, nos ha dado el Espíritu Santo, la Palabra o la Biblia, y con relación al tema de hoy, nos ha dado un espíritu de poder, amor y  dominio propio.

Cuando una persona decide entregar su vida a Dios de manera paralela, experimentará una activa confrontación contra todo aquello que se opone al Reino de Dios, esto debido a que la tierra está bajo un aparente dominio del enemigo, posición de gobierno que ha ganado a través de la autoridad que le otorga la humanidad cuando comete pecado.

Jesús devolvió la autoridad al hombre y a la mujer que lo reciben como su Señor y Salvador, autoridad que se había perdido en el huerto del Edén, cuando Adán desobedeció a Dios.

El Señor nos dice en la Palabra, que existe una estrategia usada por el enemigo de las almas con el objetivo de apartar al creyente de la Voluntad de Dios, esta artimaña, es la Tentación.

Cuando hablamos de tentación, nos referimos a toda invitación del enemigo que propone al hombre y a la mujer para pecar contra Dios.

Dejamos claro que el maligno no puede obligar a nadie a pecar, la persona que peca lo hace por voluntad propia, es por ello, que el enemigo generalmente no muestra su rostro cuando tiende la red o el lazo, él se disfraza como ángel de luz e implementa una táctica diferente de ataque, y de forma muy sutil, presenta sus propuestas, codiciables a la vista humana para que pequen.

Dicho sea de paso, que el maligno anda al acecho como león rugiente, atacando la pureza y santidad de los hijos de Dios.

Leamos el libro del apóstol Santiago 1:13-15;

Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

Santiago 1:13-15;

Sabemos que hay pecados que son visibles y de conocimiento público y también sabemos que otros pecados están ocultos en el corazón del hombre que son solamente del conocimiento de la persona y de Dios. Como el orgullo, la codicia, la lascivia, la glotonería, envidia, odio, celos, entre otros. Es hora de pedir perdón por cada uno de esos pecados para recibir y gozar de la libertad que hay en Cristo.

Y también nos afirma Dios en el libro de Romanos 6:14:

Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros

Romanos 6:14

En Hebreos 4:15, leemos que Jesús, nuestro sumo sacerdote se compadece de nuestras debilidades, porque fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

Entonces, ¿Cómo se vence la tentación?

  • El creyente debe presentar continuamente su vida y entre otros aspectos, sus debilidades ante el altar, pidiendole perdón a Dios, entregando, renunciando y negándose a ese deseo ya sea de los ojos, de la carne o de la vanagloria de la vida que está atrayendo al alma para pecar contra Dios.
  • Apartándose de toda malicia o que tenga apariencia de maldad.
  • Leyendo y alimentando su vida con la Palabra de Dios.
  • Ayunando, para quebrantar las obras de la carne, sometiendo la vida a Dios y llenándose del Espíritu Santo.
  • Desechando toda mentira y engaño del maligno, tomando la autoridad que Cristo nos ha dado para reprender las obras del mal.
  • Clamando a la Sangre de Jesús para protección de nuestras almas.
  • Usando la armadura de Dios.
  • Permaneciendo en Dios, en constante comunión / relación con Él.
  • Teniendo una voluntad firme de no pecar, echando mano del dominio propio.
  • En caso que el pecado sea muy dominante, pedir oración por liberación al pastor o un líder espiritual de tu congregación.

Para concluir esta breve e importante enseñanza para todo creyente, aprendamos a decir: NO.

Digamos: NO a toda invitación que nos conduzca a cometer pecado.

En el libro de Proverbios 1:10 encontramos la siguiente instrucción:

Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir, No se lo permitas, No lo consientas.

Si te dijeren: Ven con nosotros; Hijo mío, No andes en camino con ellos.

Aparta tu pie de sus sendas, porque sus pies corren hacia el mal, tienen prisa para hacer lo malo.

Proverbios 1:10

Te animo a declarar con confianza y a perseverar en esta Verdad:

El Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.

2 Timoteo 4:18

Recuerda, somos más que vencedores en Cristo Jesús.

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