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Reflexiones

Ni Antes, Ni Después, En el Tiempo de Dios

Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. 28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob. 29 Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, 30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. 31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. 32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? 33 Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. 34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.

Génesis 25:27

En la siguiente historia encontraremos a unos hermanos a través de quienes recordaremos la importancia de esperar el tiempo perfecto de Dios. El texto bíblico propuesto hace referencia a una familia, a Isaac el padre, Rebeca la madre y dos mellizos varones, Esaú y Jacob. Estos hijos tenían formas muy diferentes de pensar, actitudes, estilos y perspectivas de vida, al igual que sus temperamentos claramente definidos. Desde el vientre de su madre evidenciaron lo distintos que ellos eran y su lucha, situación que se extendió en el transcurso de sus vidas.

Esaú era un diestro cazador, poseía fuerza y habilidades físicas, prefería la vida del campo, materialista, no pensaba en su futuro, se enfocaba en resolver sus necesidades con inmediatez, no tenía interés de ocuparse de los asuntos espirituales, entre otros rasgos de su personalidad.

Por otro lado, Jacob era sencillo, de carácter apacible, le gustaba estar en su casa, era sagaz, apegado a su madre, se notaba la influencia que ejercía su madre en él y se interesaba por obtener la bendición espiritual que tenía el hijo mayor.

Así mismo, el relato nos manifiesta una situación que había en el interior de esta familia, había división que, lamentablemente, hoy en día es una problemática muy común en los hogares. La división puede darse por varias causas, en esta ocasión, la fuente era la preferencia de los padres por uno de sus hijos. Esaú era el favorito de su padre, Isaac, y Jacob, el preferido por su madre, Rebeca. El favoritismo de los progenitores hacia uno de uno de sus hijos ocasiona conflictos en el seno de sus casas. La división (dos visiones) genera desunión y falta de comunicación entre los integrantes de la familia, especialmente entre los esposos por la dificultad en ponerse de acuerdo en sus opiniones.

Siguiendo la historia, hubo un día que les cambió el futuro a esta familia a causa de una decisión que tomaron sus hijos, versículos 29 al 32 contado con en mis palabras:

«Un día, Esaú vino del campo, cansado y “casualmente” Jacob había preparado unas sopas de vegetales a base de lentejas; Y Esaú dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer un poco de ese guisado rojo, pues estoy agotado … Pero Jacob le dijo: Véndeme primero tu primogenitura, es decir, dame a cambio tus derechos de primogénito. Y Esaú dijo: He aquí, estoy a punto de morir de hambre; ¿de qué me sirve, pues, la primogenitura?»

Este suceso reveló las motivaciones del corazón y el carácter de ambos hermanos. Esaú regresó del campo muy cansado y con mucha hambre, lo cual es una combinación nada favorable para tomar decisiones. Estos hermanos no carecían de alimentos, es decir, el hambre de Esaú era una circunstancia pasajera y por otra parte, Jacob, haciendo uso de su actitud aventajada, casualmente preparó una deliciosa comida en el tiempo que su hermano retornaba del campo. ¿Qué sucedió? Se concretó un intercambio entre Esaú y Jacob, los derechos del hijo de mayor fueron entregados a Jacob a cambio de una deliciosa comida.

La primogenitura representaba para el hijo mayor ser el jefe, el sacerdote de la familia y recibía una mayor parte de la herencia, entre otros privilegios, sin embargo, Esaú no le daba ningún valor a su liderazgo ni tampoco quería asumir la responsabilidad de ser el sacerdote de la familia cuando llegase este momento. Esaú expresó: «¿De qué me sirve, pues, la primogenitura?» revelando el poco o ningún interés que tenía por el aspecto espiritual.

De modo que podemos resaltar, el lugar que ocupaba Dios en sus corazones por la manera de pensar y actuar de estos hermanos. Esaú, con derechos y bendiciones por ser el hijo mayor solo quería las bendiciones mas no la responsabilidad que conllevaba esta posición y Jacob, con el anhelo de recibir los derechos del primogénito basado en la promesa que había sobre él porque Dios había prometido: «el mayor servirá al menor» pero él tenía la conducta equivocada para obtener las promesas de Dios.

Con esto quiero decir, que ambos hermanos mostraron la misma debilidad, la cual fue manifestada en el momento del intercambio, me refiero a la falta de domino propio, no tenían autocontrol de sus emociones. Respecto a Esaú renunció a sus derechos y privilegios dados por Dios para solucionar una necesidad temporal y Jacob, no pudo esperar el tiempo del cumplimiento de la promesa de Dios por lo que se apresuró para que esta promesa se realizara pronto.

Las promesas en Jacob se cumplirían ni antes ni después, sería en el tiempo perfecto de Dios. Sin embargo, Jacob tomó la decisión de obtener la bendición por sus propias manos, sagacidad, puso en marcha sus habilidades humanas propiciando el ambiente para manipular y alterar el orden de los tiempos de Dios, cuando solo debía esperar a que Dios le diese esos derechos. No obstante, en los siguientes capítulos podemos observar a Dios tratando fuertemente y corrigiendo esta errada conducta en la vida de Jacob, usando a su familiar Labán, hombre muy astuto, que se aprovechó de su fuerza de trabajo y amor por una de sus hijas para que le sirviera.

Sabes, actualmente en la comunidad cristiana, observamos que los comportamientos como el de estos hermanos son muy normales y aprobadas por muchos. Me pregunto, ¿será que el entorno familiar, influyó en estos hermanos para que llegaran a instancias de considerar que los asuntos / transferencias / herencias / mantos / unciones/ espirituales se manejan como lo hace el mundo, a través de intercambios / acuerdos entre hombres?

Por consiguiente, tomemos la base de esta reflexión para revisar las motivaciones de nuestro corazón, ¿nos movemos por lo físico, lo inmediato, lo material, lo pasajero, lo temporal y dejamos el último lugar a Dios, o somos los que aceleramos los tiempos, ayudando a Dios para que sus promesas se cumplan?

La respuesta es que no debemos ser ninguno de los dos casos, debemos vivir completo el proceso de Dios, en cada uno de sus tiempos, cada una de las etapas son necesarias porque nos preparan, nos dan crecimiento, nos forman y habilitan para recibir las promesas de Dios, las cuales requieren que respondamos con integridad porque cada bendición viene acompañada de responsabilidades, por ello es preciso desarrollar madurez, valores y carácter espiritual, competencias que en ese momento de sus vidas les faltaba a Esaú y a Jacob.

Apreciado lector, meditemos acerca de esta enseñanza, pidamos a Dios que examine nuestros corazones, entreguemos todo afán y motivaciones que nos puedan alejar o que retrasen los planes de Dios con nosotros.

La paz de Dios reine en sus corazones.

Con cariño en Cristo Jesús,