Y dije (Jeremías): Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová. Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel; Lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí; Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto, esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová. – Lamentaciones 3:18.26
De la manera como el profeta Jeremías experimentó profundos sentimientos y emociones como la ira, desesperación, miedos, soledad, tristeza, desesperanza, pese a que él como vocero de Dios advirtió a Su pueblo que se arrepintieran de sus malas obras y caminos, finalmente el juicio llegó y la palabra de Dios se cumplió, ¡Jerusalén cayó en las manos de sus enemigos! Así es posible que los creyentes nos encontremos viviendo en un mundo que cada día endurece más su corazón resistiéndose a escuchar la voz del Señor para hallar la salvación de sus almas.
La lectura bíblica de esta reflexión la he tomado del libro de Lamentaciones cuyo enfoque principal es el juicio de Dios en respuesta al corazón obstinado de Su pueblo de permanecer en pecado e ignorar la Presencia de Dios.
Jeremías, en su condición de humano viviendo la tristeza y desesperanza expresó: “perecieron mis fuerzas y mi esperanza” pero no lo dijo porque desconfiara de la misericordia de Dios sino por la actitud rebelde del pueblo que no se arrepintieron de sus pecados llegando al límite de la bondad del Señor, escogieron retarlo por lo que vivieron cada una de las profecías de juicio anunciadas por Jeremías (Cap.4;11), entonces, cuando vieron su nación en ruina entendieron que las consecuencias de sus actos les habían alcanzado, lo siguiente que ocurrió fue lamentarse por su rebelión y desobediencia:
Cayó la corona de nuestra cabeza; ¡Ay ahora de nosotros! porque pecamos. – Lamentaciones 5:16
En medio del escenario devastador que nos describe el profeta Jeremías en donde enfrentó la realidad del dolor y el sufrimiento de una nación destruida, experimentando niveles intensos de desesperanza y de angustia, vemos el fundamento de su fortaleza, al ser despojado de todo, excepto de su esperanza en Dios.
Surge un interrogante entre otros, ¿cómo Jeremías se convirtió en una voz de esperanza en medio de un pueblo en agonía? Leyendo el libro del profeta Jeremías y de Lamentaciones puedo brevemente concluir que este hombre de Dios se apoyó en el conocimiento de la persona de Su Señor, como resultado de la relación de amistad establecida con Aquel que lo había llamado, el profeta conocía el carácter de Su Creador.
Jeremías tenía la certeza que Dios es bueno, fiel, misericordioso, compasivo, justo, que corrige a sus hijos por amor procurando que ninguno se pierda y que todos sean salvos.
En la Biblia también encontramos otros siervos que experimentaron situaciones similares a la de Jeremías, como Noé, pregonero de justicia, quien vivió en medio de una generación malvada, fue también usado por Dios como una voz de esperanza para su familia, conocidos y comunidad sin embargo queda claro que el Señor no obliga a nadie a buscarle, amarle ni servirle, ya que la decisión la tomamos cada uno de nosotros porque es una decisión voluntaria de amor.
Por otra parte, no nos corresponde a nosotros decidir quién se merece un determinado trato de corrección o castigo, esto es potestad sólo de Dios, Él conoce los corazones, es bueno y justo para dar a cada uno lo que le corresponde, pero si una persona se humilla delante de Su Presencia, pide perdón y clama por misericordia es muy posible que Dios movido a compasión detenga el juicio que venía a este hijo y a su casa. Tengamos presente, que Dios nunca quiere nuestro mal ni destrucción, Él quiere nuestra salvación, restauración, prosperidad, gozo, bienestar.
Otro consejo que nos da el Señor, cuando estemos en momentos de angustia o diferentes quebrantos, es que cuidemos los dichos de nuestros labios, dice el profeta: bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová, en otras palabras, podemos añadir más pesares y carga a nuestros hombros al hablar con necedad e ignorancia, lo mejor que podemos hacer es rogar por Sus misericordias, meditar en nuestros actos y cambiar la dirección de nuestros pasos hacia Dios.
Es tiempo de buscar a Dios con sinceridad, ponernos en Sus manos para servir como instrumentos de la extensión del evangelio de Jesús en esta tierra y ser una voz de esperanza para nuestras familias, amistades y entorno en medio de las distintas y complejas situaciones que podamos vivir.
¡Dios está contigo en todo momento, ten ánimo, Su fidelidad es para siempre!

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