Es el deseo de mi corazón compartir la siguiente enseñanza especialmente con aquellas personas que en algún momento fueron discípulos de Jesús y por diferentes situaciones se retiraron del Camino o aquellos creyentes que se sienten estancados en el llamamiento que Dios les ha hecho.
Iniciemos:
Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; – Filipenses 1:6
¿Hay alguno de nosotros que pueda decir, soy una obra terminada de Dios, soy un diseño completamente perfeccionado? Cierto que ninguna persona puede hacer esta afirmación.
Entonces, por cuanto no podemos afirmar ese pensamiento detallemos lo que Dios nos dice en el versículo propuesto:
- ¿Quiénes están siendo procesados? Los hijos de Dios.
- ¿Cuál es nuestro estado? Estamos en un proceso de perfección.
- ¿Quién inició el proceso? Ha sido iniciado por Dios.
- ¿Cuál es el propósito del proceso? Estar listos para el día que Cristo venga por su iglesia.
- Este proceso es una buena obra.
Ahora, algunos pensarán: yo no sé en cual etapa de mi proceso de perfección estoy, estaré iniciando, voy avanzado, estoy llegando a la meta, otros aún no han iniciado el proceso. Más Dios quiere que demos el paso y le permitamos hacer Su buena obra en nosotros.
Algunos creyentes les ha pasado que en algún momento le dijeron si Señor, inicia tu obra en mí, pero se detuvieron en el Camino porque:
- Se desanimaron, *Se decepcionaron,
- Se aburrieron, *Se cansaron,
- No lograron satisfacer sus expectativas basadas en las necesidades físicas, materiales, sociales.
- Por errores cometidos, siendo creyentes se equivocaron al tomar una incorrecta decisión y a causa del peso de la culpa y el señalamiento los hicieron abandonar el proceso por lo que dejaron al Señor.
Quiero decirles a todos: ¡Dios no ha terminado contigo!
En el lugar espiritual, emocional, físico, financiero en el que te encuentres, Dios te dice: no he terminado contigo, te voy a sacar de esa zona de estancamiento, te voy a levantar, te voy a reconectar con tu propósito y vas a hacer la obra para lo cual te he diseñado.
Leamos la historia de un hombre que Dios llamó cuando él menos lo esperaba y se convirtió en un apasionado por Su Presencia.
Llamamiento de Moisés, Éxodo 3:
1 Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.
2 Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.
3 Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.
4 Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.
5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.
¿Qué pasó con Moisés hasta esta parte de la historia?
Moisés había huido a Madián como consecuencia de haberle quitado la vida a un egipcio que vio cuando estaba maltratando a un israelita, en la falta de comprensión de lo que sentía por el llamado que reposaba en él, reaccionó en la carne, se equivocó y pecó, por lo cual salió de Egipto para refugiarse en otra nación.
En Madián, conoce a Séfora, una de las hijas de Jetro, con ella forma una familia, tiene hijos y se queda a vivir en ese lugar. Pareciera que Moisés tiene la vida resuelta, pero existe un ser divino que tiene un plan con todo lo que ha diseñado, el cual es un plan mejor y superior al nuestro. En el tiempo perfecto de Dios, se reveló a Moisés.
Un día Moisés, en su oficio terrenal de pastorear las ovejitas de su suegro, escuchando el balido y gruñido de las ovejas, llevándolas lejos de su casa, apartándose de su familia, atravesó un desierto y llegó a un monte conocido como monte Horeb, Sinaí, o monte de Dios. Este es un lugar donde Dios hizo hechos poderosos, como por ejemplo, hablar con varios de sus siervos como Elías y también sucedió la transfiguración de Jesús.
En este monte, Dios eligió una zarza, un arbusto, para poner fuego en él y de esta manera llamar la atención de Moisés. Fue un hecho sobrenatural, inexplicable para el hombre, para el razonamiento de Moisés. Pero fue la manera como Dios captó su atención.
Te has preguntado, ¿Por qué te están sucediendo las situaciones que estás viviendo? No le encuentras sentido ni explicación a lo que vives, ¿será que Dios está llamando tu atención? ¿será que Dios quiere decirte algo?
Continuamos, no fue casualidad que Moisés llegara al monte de Dios, muchas veces no nos damos cuenta lo que nos pasa, pero hay una mano poderosa que no vemos, pero guía nuestro caminar.
Estoy convencida que fue Dios quien condujo a Moisés hacia su monte para encontrarse con él, lo apartó de todo lo que pudiera distraerlo para hablar a solas con su siervo, en donde con toda seguridad podía escuchar la voz del Altísimo. ¿Sabes por qué lo hizo así? Porque la relación con Dios es personal.
Seguimos en la lectura de Éxodo 3:
6 Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.
7 Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,
8 y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.
9 El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.
10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.
Sabes que está haciendo Dios, revelándose a Moisés como su Dios, el Dios que no lo ha desechado, no lo ha olvidado. Le está diciendo Moisés, aunque fallaste, te equivocaste, pecaste, YO NO HE TERMINADO CONTIGO.
Le está diciendo: Moisés desde el vientre de tu madre te escogí, te puse nombre: salvado de las aguas, el enemigo intentó matarte desde tu nacimiento, puso amenaza de muerte sobre tu vida, pero Yo te salvé, mío eres tú. Hoy es el día en el que Dios te reconecta con su propósito.
Le dice Dios a Moisés, te doy otra oportunidad para que cumplas la obra para la cual te he diseñado, y voy a poner de mi fuego en ti, fuego que nunca se apagará, arderá en tu interior como confirmación que estoy contigo.
Te he escogido para seas el canal de salvación para tu familia, mira la condición de tu familia y de las personas que conoces, ellos están clamando a mi para ser liberados de la cautividad de Egipto.
Éxodo 3: 11 Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?
12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.
En el diálogo de Dios con Moisés se manifiestan sus emociones, temores, prevenciones porque tengamos presente que el creyente que se detiene en su proceso no le es fácil regresar al Camino, recuperar la relación y su vida espiritual cristiana, es la razón por la que Dios está convenciéndolo de su llamamiento.
13 Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?
14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.
En otras palabras, Moisés le dice a Dios, tú sabes cómo fue mi vida en Egipto, ellos me conocían, saben lo bueno y todo lo malo que hice, esa nación tiene conocimiento de mi historia, lo más probable es que no me reciban ni acepten mi mensaje.
Queridos hermanos hay que vencer el miedo, el rechazo, el menosprecio, todos esos sentimientos negativos que se resisten a que testifiquemos de Cristo porque es Él quien hará la obra en aquellos que nos escuchen.
Así como le ocurrió a Moisés, hemos sido salvado de todo lo que teníamos en contra con el propósito de rescatar a otros, para anunciar las buenas nuevas de salvación, sanar, hacer milagros en Su nombre, en nombre del Gran Yo Soy.
Para que todos vean que existe un Dios, es real, así como pudo cambiarnos también tiene el poder de transformar a nuestras familias.
En consecuencia, Moisés tiene un reto, que consiste en liberar a su familia, a su pueblo de la esclavitud de Egipto.
Te preguntarás, ¿Qué voy a decirle a mi familia y conocidos para llevarlos a Cristo? Les dirás, yo tuve un encuentro con Dios, algo sucedió en mi interior, Su Presencia entró a mi vida y lo que me atormentaba salió de mí, solo puedo decirles que fue Dios quien se me manifestó a mi vida.
Podemos ver en la Biblia el final de este gran hombre de Dios, recordado por las obras extraordinarias que hizo en nombre del Todopoderoso, su pasado, su antigua vida quedó olvidado.
Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; 11 nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra, 12 y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todo Israel. – Deuteronomio 34:10
Es necesario mencionar, que el proceso de Moisés no terminó con la aceptación del llamado, por el contrario, inició otra fase de la buena obra de Dios en su vida. Continúa una etapa muy interesante de su llamamiento, el abrazar nuevamente a su familia, reencontrarse con su pueblo y con las nuevas personas que estaban gobernando en Egipto, las manifestaciones del poder de Dios confrontando al gobierno y el poder de los hechiceros, el juicio enviando las plagas, la muerte de los primogénitos, la pascua, liberación de Israel, el paso por el mar rojo, 40 años en el desierto pastoreando ovejitas del Señor, entre otros hechos poderosos.
Queridos lectores, tenemos un reto, ganarnos a nuestras familias para Cristo, no tengas temor de aceptar el llamado de Dios y de servirle con amor, gratitud y total reverencia. En la Biblia encontramos los hombres y mujeres a quienes Dios llamó para hacer historia. Cada persona que escucha el llamado del Señor puede ser un instrumento de bendición en sus manos.
Les bendigo en el amor de nuestro Señor Jesucristo,

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