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Reflexiones

Bienaventurados los que lloran, porque ellos están siendo preparados para recibir una bendición especial

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El Sermón del monte: Las bienaventuranzas

Jesús viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.

Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Mateo 5:1-4

Nuestro Señor Jesucristo a través de su vida al hablar y aún cuando callaba siempre enseñaba a su familia, amigos, discípulos, multitudes, autoridades y opositores acerca de Dios y de su Reino. En el pasaje de las bienaventurazadas, Jesús instruyó al respecto de situaciones de la vida que de acuerdo a la actitud de nuestro corazón pueden posicionarnos para recibir una bendición de parte de Dios.

Los estudiosos de la biblia expresan que el significado de una bienaventuranza está relacionada con ponernos de rodilla para recibir una bendición. También se dice, que bienaventurado es aquella persona que es digna de felicidad.

Parece un poco contradictorio comprender estos términos, ¿cómo una persona que sufre puede ser dichoso? Sin embargo, Jesús nos revela que el Reino de Dios no está sujeto a las vivencias ni a la cultura de este mundo. Por eso, los momentos de dolor, de sufrimiento no son ajenos al corazón de Dios.

Dios nos ama, Él es nuestro Padre que se compadece de nosotros y cuando estamos afligidos o sentimos dolor por alguna determinada situación más nos rodea Su Gracia. Nuestras lágrimas son valoradas por Él como un padre o madre que se duele con la tristeza de sus hijos. 

De manera, que las lágrimas que brotan de un corazón humillado, arrepentido, quebrantado ante la Presencia del Señor pueden tocar su corazón y provocar la intervención divina para generar cambios a favor del creyente.

Leamos lo sucedido al Rey Ezequías en el libro de Isaías 38:4-6:

Y lloró Ezequías con gran lloro.

Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo:

Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.

Y te libraré a ti y a esta ciudad, de mano del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé.

Isaías 38:4-6

El Rey Ezequías experimentó un tiempo de aflicción muy difícil a causa de una enfermedad de muerte que llegó a su vida. Siendo Rey de una nación y reconociendo que sólo Dios podía sanarle, no dudó en postrarse delante del trono de la Gracia para recibir oportuno socorro y misericordia.

Como leemos en la historia de este hombre de Dios, su oración, sus lágrimas derramadas ante la Presencia de Dios acompañado de la humillación de su corazón, fueron recibidas a tal punto que le fue concedida una nueva oportunidad de vida y extendidos sus años en esta tierra.

También podemos, leer en el Salmo 126:4-6:

Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová, Como los arroyos del Neguev.

Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.

Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.

Salmo 126:4-6

En esta ocasión el pueblo de Israel oraba por la restauración de la nación. Ellos hacían la comparación del mal momento que estaban experimentando con las estaciones que pasa el arroyo del Neguev a causa del clima, ya que en época de verano se secaba el arroyo dejando de abastecer del preciado líquido al pueblo y a la naturaleza pero cuando venían las lluvias todo cobraba vida nuevamente.

Este clamor, igualmente, es un ejemplo para cuando el creyente se encuentre atribulado,  pueda clamar a Dios, pidiendo que sea cambiada la estación de la sequía, del dolor, de la oscuridad, de confusión, por una temporada de lluvia, de perdón, de oportunidades, del derramar del Espíritu Santo en su vida.

Tengamos presente que para Dios nuestras lágrimas llegan a su corazón, que la oración con lloro es escuchada, que un corazón sincero y quebrantado no es rechazado.

Si te encuentras afligido, no te demores en postrarte ante Dios y exponle tu petición y el motivo de tu dolor. Como también te digo, prepárate porque él que se humilla será exaltado, y cuando estamos de rodillas ante Su Presencia estamos en posición de recibir una bendición especial que nos consolará y fortalecerá.

Sé grandemente bendecido.

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