El Espíritu Santo nos da una hermosa enseñanza a través del apóstol Santiago acerca de la importancia del manejo de un miembro de nuestro cuerpo que es pequeño en tamaño sin embargo se le ha concedido poder sobre el resto de nuestros órganos.
El capítulo 3 del libro del Santiago, nos edifica con las siguientes palabras:
…Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo…
Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
…Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?
Podemos observar que hay una estrecha relación entre nuestro lenguaje y cómo funciona nuestro cuerpo, aquella persona que es capaz de tener control de su lengua podrá manejar todo el cuerpo; cada palabra que sale de nuestros labios tiene poder sobre nosotros mismos, sobre otras personas y las situaciones que nos acontecen.
Un neurólogo explicaba que lo que decimos impacta en el funcionamiento de todo nuestro cuerpo, por ejemplo, si una persona dice: me siento débil, me estoy muriendo, sucederá que todo los órganos del cuerpo reciben estas palabras como una orden y se preparan para perder resistencia, enfermarse o morir, disminuye el sistema de defensa a causa de una expresión que afirma una debilidad o enfermedad.
Así también sucede cuando decimos: no puedo hacerlo, no lo lograré, sucederá que todo el cuerpo reaccionará a esta expresión y habrá un bloqueo en nuestro cerebro que impedirá que alcancemos una tarea, meta o un propósito.
De igual manera ocurre con otra parte de nuestro ser, que es nuestra alma, en la cual se encuentran nuestras emociones, voluntad, pensamientos, decisiones.
Al expresar me siento angustiado, triste, deprimido, sin fuerzas, soy un fracaso, deseo morir, todo nuestro cuerpo, temperamento, voluntad, decisiones se someten a estas emociones y sentimientos al punto de perder motivación y ánimo para seguir viviendo.
Sigamos leyendo otros pasajes que encontramos en la Biblia que nos exhortan a cambiar y renovar nuestras palabras negativas por palabras de fe y de vida.
Efesios 4:29: Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación ( que ayuden a crecer espiritualmente ), a fin de dar gracia a los oyentes.
Salmo 141: 3. Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.
Proverbios 13:3. El que guarda su boca guarda su alma; Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad. Es decir, la persona que tiene cuidado de lo que habla protege su vida, no se mete en problemas ni vive angustias a causa de sus palabras.
Lucas 6: 45: El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.
La invitación es pedir al Espíritu Santo que limpie nuestros corazones, renueve nuestros pensamientos y entendimiento para gozar de larga vida y bienestar.
Recuerda que nuestro lenguaje muestra lo que hay en nuestro corazón y controla el resto del cuerpo.
Hoy, tenemos la oportunidad de hacer cambios positivos en nuestras vidas.

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