Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre, ni para siempre me enojaré; pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he creado. He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él y a sus enlutados;
Isaías 57:15-18
Nuestro Padre celestial siempre muestra su gran amor a sus hijos y a esta humanidad pese al obstinado comportamiento de las personas de vivir apartados de su infinita misericordia. En la siguiente historia veremos los resultados que alcanzan dos tipos de creyentes que se exponen a la Presencia de Jesús ya que la actitud ambos determinaron las respuestas que recibieron del Señor.
Leamos, Jesús en el hogar de Simón el fariseo. Lucas 7:36-50
36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro… 44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; más ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.
45 No me diste beso; más ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; más ésta ha ungido con perfume mis pies. 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
LUCAS 7:36-50
En este pasaje intervienen tres personas, Jesús siempre como protagonista, el fariseo y una mujer que no debía aparecer en escena pero que por la misericordia de Dios hizo presencia en ese lugar para darnos grandes enseñanzas a todos los que leamos o escuchemos de esta historia.
El contexto de este pasaje es que Jesús recibe una invitación a una “cena” en casa de un fariseo llamado Simón, que vivía en la ciudad de Naín. Recordemos algunos aspectos de los fariseos:
Eran judíos intelectuales, de buena posición económica y con gran influencia política y social, estos aspectos eran de gran importancia para ellos.
Les preocupaba mucho el estatus social y la opinión de los demás sobre ellos.
Se opusieron a las enseñanzas de Jesús.
Redactaron e implementaron otras leyes que no estaban escritas en la Ley, es decir, establecieron leyes humanas.
Eran arrogantes, soberbios, altivos.
Jesús se refirió a ellos porque preferían ocupar los primeros puestos en los banquetes y las sinagogas, por vestir ropas ostentosas, por ser hipócritas y por instar a la gente a llamarlos rabí o maestros de la Torá.
Lucas 11:37-46; 39: Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos ¨limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad.¨
Los fariseos formaron parte del grupo de personas que escarnecieron a Jesús cuando estuvo colgado en la cruz. Mateo 27:41-43.
Los fariseos no eran íntegros para con Dios, no procuraban estar limpios en su interior.
¿Cuáles fueron las motivaciones de Simón el fariseo de invitar a Jesús a su casa? No lo sabemos con exactitud, en otros pasajes podemos ver que los fariseos, saduceos, escribas y sacerdotes principales, buscaban argumentos o razones para acusar a Jesús de actos ilícitos que lo condujeran a una sentencia de muerte.
Seguimos para referirnos a las costumbres de la época. Cuando en una casa se tenían invitados, los vecinos podían entrar y quedarse junto a la pared o permanecer en cuclillas mirando. No hacían comentarios; solo eran observadores.
También en los hogares tenían la costumbre de no sentarse a la mesa en sillas altas como las actuales; la familia se reclinaba en lechos, cojines y en uno de ellos se encontraba reclinado Jesús, con Sus pies fuera y por detrás, apoyado en su brazo, mientras conversaba a través de la mesa con su anfitrión.
Otras de las costumbres eran, que el anfitrión debía ofrecerle agua al invitado para que se limpiara los pies o el anfitrión limpiaba los pies de su invitado, (para quitar el polvo de sus pies). Simón debía ungir su cabeza con aceite y le habría saludado con un beso en la mejilla. Sin embargo, Simón no cumplió con esas formalidades ni practicó las más sencillas normas de cortesía con Jesús.
Continuamos, en este compartir de alimentos aparece una mujer,que no fue invitada, y que bajo ninguna otra circunstancia hubiese ingresado a casa de este fariseo, por su estilo pecaminoso de vida, Leer v.37-39:
La manera de vivir de esta mujer mostraba soberbia, rebeldía a la Ley de Dios y a las normas sociales.
No le interesaba la opinión de la sociedad.
No le interesaba recibir la aprobación de sus acciones de las demás personas.
Por el pecado debía existir en su corazón tristeza, desesperanza.
No había conocido el verdadero amor, alguien que se dedicara a conocerla y amarla con sinceridad sin esperar nada a cambio.
Pero de alguna manera esta mujer fue impactada por Jesús, es probable que momentos antes de ingresar a casa del fariseo, la mujer haya visto cuando resucitó al hijo de la viuda, este milagro despertó su fe, conectó con las palabras de Jesús cuando le dijo: “no llores”. Este suceso maravilloso pudo generar en la mujer altas esperanzas que Jesús podía era el Mesías anunciado, el único que podía cambiar su vida.
Por las razones que hayan impulsado a la mujer a buscar a Jesús, fue relevante la decisión que tomó y no fue con las manos vacías, tomó su mejor perfume para derramarlo en los pies del Mesías.
Esta mujer entró y ocupó un lugar detrás del Señor Jesús. Mientras la mujer permanecía a los pies del Señor Jesús, llorando, comenzó a humedecer los pies de Jesús con sus lágrimas, secándolos con sus propios cabellos. Después, besaba sus pies y los ungía con el perfume que había llevado.
Cuando un creyente como la mujer de este pasaje toma la posición de humillación corporal, acompañada del quebrantamiento de espíritu y del corazón hace que levante su mirada para adorar, exaltar, alabar a Dios por lo quién es Él. En esos momentos de tanta intimidad Dios, no hay intereses personales, barreras ni prejuicios.
¡Esta mujer nos enseñó que por medio de la humillación del corazón podemos adorar a Dios siendo esta condición la mejor manera de entrar a Su Presencia!.
Hasta esta parte de la historia, resalto que Dios no rechaza un corazón contristo y humillado pero resiste el de corazón soberbio; Simón el fariseo tuvo la misma oportunidad que la mujer pecadora de abrir las puertas de su corazón para ser perdonado, salvado, transformado pero no lo hizo porque fueron superior su ego, prejuicios y religiosidad.
La mujer que le llamaban pecadora sin emitir una sola palabra nos sigue enseñando que el corazón tiene voz, la cual, Dios escucha atentamente y nos responde cuando nos vaciamos de nosotros mismos para llenarnos de Él, de su amor y misericordia.
Tu milagro inicia con quebrantar el corazón delante de Dios, sé que nada seguirá igual en tu vida.
En el siguiente post abordaremos la segunda parte de esta preciosa enseñanza.