Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; … Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño.
Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.
Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.
Y Jesús reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.
Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.
Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó. Marcos 9:14-27.
Poderosa es toda la Palabra de Dios.
Esta hermosa historia nos presenta a un padre de familia preocupado, angustiado y con la fe al límite de acabarse. La vida de su único hijo estaba en peligro y al borde de la muerte.
Este padre tomó la mejor decisión, ¡buscó a Jesús!
Esta familia está siendo amenazada, afligida y oprimida por el enemigo; un espíritu inmundo intentaba quitarle la vida a su joven hijo desde su niñez.
Puede pasar por nuestra mente la pregunta, que pasó en la niñez de este joven para que un espíritu malo entrara a su cuerpo? una posible respuesta, es que hubo un descuido en el hogar, abrieron puertas que dieron lugar al maligno para que entrara y tocara la vida de su hijo.
Vemos que el padre le dice a Jesús, si tú puedes hacer algo, ayúdanos; claramente, la solución no radicaba en la capacidad del poder de Dios Todopoderoso, Jesus le responde al padre, ¿Yo puedo sanar a tu hijo pero tú tienes fe?
Sin fe es imposible que sucedan los milagros, porque todo el que se acerca a Él, es recompensado por su fe ya que la fe agrada a Dios.
En otras palabras, sin fe no hay vida espiritual, no hay comunión, nos volvemos religiosos practicando una falsa fe, engañandonos a nosotros mismos, teniendo una fe confesional cuando necesitamos una fe real y vivencial en un Dios vivo y verdadero.
Jesus le hace la invitación al padre de familia que vuelva su mirada a Dios, que vuelva a reconectarse en amistad con el Padre.
Este es el orden espiritual en un hogar, los padres asumen su papel de formadores espirituales, enseñándoles a sus hijos y dándoles testimonios con sus propias vidas que aman, tienen temor reverente, fe en Dios y a su Palabra.
Este modelo de hogar, garantizará que las generaciones sean guardadas para Dios y libradas del maligno.
También, observamos que el padre pensaba que el espíritu malo era mudo, más Jesús sabía que ese espíritu le afectaba el habla y la audición; lo cual impedía que existiera alguna relación entre el padre y su hijo, no podía escucharle.
Cuando observes que el comportamiento de tus hijos ha cambiado, que se están distanciando de ti, ora a Dios y pide que te revele que está sucediendo, examina primero, cómo está tu vida y relación con Dios; revisa cual es el ejemplo que les estás dando; segundo, analiza que están escuchando tus hijos, habla con ellos en amistad, no des lugar a la indiferencia, vuélvete un instrumento para reconectarlos con Dios.
Vemos en esta historia que Jesús tomó de la mano al joven, le enderezó y le levantó porque Él ama a nuestros hijos y quiere que nuestras generaciones sean salvas, libres de la opresión del enemigo y desarrollen el propósito divino.
No dejes de orar por tus hijos por más difícil que consideres la situación, a los que creemos en Dios todo es posible, ten ánimo y confianza en El.
Tengamos presente, que el mundo tiene maestros en las universidades, colegios, amistades que no tienen ni quieren acercarse a Dios, que están preparados y dispuestos para transmitir doctrinas erróneas, que los conducen a la incredulidad, rebeldía, pecado, e incluso a la muerte.
¡Volvámonos instrumentos para levantar generaciones a Dios!

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